¡gracias, gracias, gracias!
¡Hola! Soy Rosa Aumedes
Quiero ayudarte a encontrar la Paz, Alegría y Serenidad Personal.
A lo largo de mi vida he pasado por diferentes circunstancias las cuales me han llevado donde estoy ahora.
A través de mi experiencia como madre de trillizos, como una mujer que ha vivido diferentes situaciones y con las cuales he aprendido mucho, tengo la intención de hacer que tú te sientas mejor.
He querido plasmar en mis libros las vivencias, aprendizajes y momentos de mi vida con los cuales espero poder ayudarte a ti, hacer que tu vida sea más fácil y que te sientas mejor contigo mismo.


Profesor de secundaria y director del instituto, donde estudiaron mis hijos
Joan de Domingo Miquel
A lo largo de la historia, nunca debe haber sido fácil educar a un hijo. Mucho más, en una época donde existe una enorme accesibilidad a informaciones y comunicaciones, a un volumen ingente de imágenes y posibilidades de entretenimiento, de noticias contrastables o no. Si a más añadimos que el hijo a educar es adolescente, ¡Agárrate que vienen curvas! ¡Pues a Rosa y a Jürgen les tocaron tres!
A nivel profesional he tenido la suerte de acompañar a jóvenes en su día a día en un centro educativo de secundaria. Hemos visto de todos los colores. Algunos más entusiastas, de otros más irascibles, un pupurri de personas que viajan buscando limites, envueltos de circunstancias que a menudo no los ayudan demasiado. Equilibrar emociones, necesidades y motivaciones en un ambiente de tolerancia es complejo.Estos son retos que como sociedad también asumimos a pesar de que haya factores que no ayudan mucho. Uno se lo tiene que pensar bien antes de tener hijos, ¿verdad?
Y en este oficio, a veces, aparecen chicos y chicas que te serán muy difícil de olvidar, que te aportan y aprendes, que te harán estar despierto y entusiasmado delante de sus inquietudes y que harán suyos los esfuerzos que tú propones. A veces pasa. Y, desde que soy padre, me he preguntado aún más cual es el secreto o la clave para que se conviertan en buenas personas. No me han dado ninguna receta, pero mucha parte del mérito es indudablemente de la educación que se aporta desde casa.
Y así mismo se lo pregunté a Rosa, la madre de los Sturms (así los llamamos en el instituto). ¿Cómo te lo haces? ¿Cómo os lo habéis hecho? Si habéis podido con tres, yo podré con uno, ¿No? Y ella me dijo: “Se tiene que estar, se los tiene que escuchar”.Recuerdo haberle dicho que con alumnos como Abel, Dariana y Maria a uno le es fácil amar el oficio de maestro. Gracias Rosa por el hijo, las hijas y el libro.

Profesor de secundaria y director del instituto, donde estudiaron mis hijos
Joan de Domingo Miquel
A lo largo de la historia, nunca debe haber sido fácil educar a un hijo. Mucho más, en una época donde existe una enorme accesibilidad a informaciones y comunicaciones, a un volumen ingente de imágenes y posibilidades de entretenimiento, de noticias contrastables o no. Si a más añadimos que el hijo a educar es adolescente, ¡Agárrate que vienen curvas! ¡Pues a Rosa y a Jürgen les tocaron tres!
A nivel profesional he tenido la suerte de acompañar a jóvenes en su día a día en un centro educativo de secundaria. Hemos visto de todos los colores. Algunos más entusiastas, de otros más irascibles, un pupurri de personas que viajan buscando limites, envueltos de circunstancias que a menudo no los ayudan demasiado. Equilibrar emociones, necesidades y motivaciones en un ambiente de tolerancia es complejo.Estos son retos que como sociedad también asumimos a pesar de que haya factores que no ayudan mucho. Uno se lo tiene que pensar bien antes de tener hijos, ¿verdad?
Y en este oficio, a veces, aparecen chicos y chicas que te serán muy difícil de olvidar, que te aportan y aprendes, que te harán estar despierto y entusiasmado delante de sus inquietudes y que harán suyos los esfuerzos que tú propones. A veces pasa. Y, desde que soy padre, me he preguntado aún más cual es el secreto o la clave para que se conviertan en buenas personas. No me han dado ninguna receta, pero mucha parte del mérito es indudablemente de la educación que se aporta desde casa.
Y así mismo se lo pregunté a Rosa, la madre de los Sturms (así los llamamos en el instituto). ¿Cómo te lo haces? ¿Cómo os lo habéis hecho? Si habéis podido con tres, yo podré con uno, ¿No? Y ella me dijo: “Se tiene que estar, se los tiene que escuchar”.Recuerdo haberle dicho que con alumnos como Abel, Dariana y Maria a uno le es fácil amar el oficio de maestro. Gracias Rosa por el hijo, las hijas y el libro.










